dilluns, 5 de març de 2007

Katia habla de la tierra.

VIAJANDO ENTRE DESCONOCIDOS.
Caminaba por un largo camino, parecía hacerse eterno bajo mis pies, por más que me adentraba, sólo encontraba lo mismo, el vacío de las calles, puertas a todos lados y personas inmóviles y sin rostro en cristales, ¿a esto sería a lo que llaman dormir? Pensé incrédulo para mis adentros.
La oscuridad me desconcertaba, seguí caminando, intentando encontrar la salida, pero entonces nada, más de lo mismo.
A lo lejos pude ver un espacio verde, corrí hacia él, me recordó con nostalgia a mi tierra. Cuando estuve pisando ya, la húmeda hierba, me entristecí, no comprendía por qué sólo era un pequeño cuadrado de naturaleza, comprendido por aceras, habían extraños instrumentos, bancos y una fuente rebosante de la vida humana. Suspiré y lentamente subí a uno de esos instrumentos de colores, era una pequeña escalera, con un tubo cilíndrico que volvía a conectarse con el suelo. Todas estas construcciones me inquietaban. Cerré los ojos y pensé en mi tierra, en las verdosas praderas, en las montañas de picos quebrados, en las cuatro lunas rojas que iluminaban mi mundo y lo hacían tan especial, de un color rojo cobrizo y pensando en todas estas cosas caí dormido, soñando que volvía con mi gente, que volvía a mis orígenes.